Queridos astronautas,
ha pasado tiempo desde que me metieron en la cárcel por robar un Yoplay y las cosas en la pollería han cambiado mucho.
Pollevard 21 no vuelve a ser lo que era. Las Shumino Power han hecho migas con la nueva secretaria y se van de copas todos los días. En la cafetería sólo ponen tapas de menudo y la Paulina no para de tirarse peos.
He salido porque mi jefe ha confesado la verdad: el Yoplay que robé era para él. Yo he salido de la trena y ahora él lleva puesto el traje a rayas. Me dijo que no me preocupara porque tiene tatuado en el prepucio la forma de escapar de la cárcel como Michael Scofield en Prison Break. A él siempre le ha gustado actuar. De pequeño en las obras del colegio siempre era el árbol y en Navidad era la estrella de oriente.
Mi padre Caramelo me ha dicho que no trabaje más en la pollería, y que me olvide ya de mi jefe. No puedo olvidar el momento en el que lo metieron en el furgón policial, porque se piso el cordón y se comió tol bordillo de la acera. Por si fuera poco, mi padre quiere que me arrejunte con mi amigo, el abogado de pacotilla. Él resolvió el caso, por eso estoy en la calle. Demostró que el Yoplay que robé estaba caducado, y que lo que pretendía yo hacer era tirarlo al bidón amarillo para reciclarlo. A mi no me gusta porque es muy señorito, y corta las cabezas de los pollos con guantes. Eso es de señoritos y yo soy más de barriada.
Carol59 que vive con mi padre me dijo que fueramos al piojitoa comprarme ropa nueva: "Necesitas un chandal Adiash y unas zapatillas Ninike". Yo soy más de Quiksilverio, pero me conformaré con Rabeok. La verdad es que tengo que renovar mi vestuario.
Por la mañana me tenía que pasar por la pollería a recoger mis enseres y mi bata ensangrentada de pollos deshuesados. En ese momento me encontré de frente al inversor jerezano, muy chulo él, diciéndome que si tuviera plumas seria una polla y que él se va a hacer con todas las acciones de los pollos que traen desde Senegal. Y yo enrabietada le dije: "Me zúa er culo".
Santos me intentó retener, pero yo cogí mi bata y mi cuchillo y lo amenacé con tirar mi propia arma biológica si no nos dejaba en paz: un peo después de haberme comio las habichuelas de mi padre Caramelo.
Desde entonces comprendí porque Paulina y la limpiadora tenían tanto en común: mientras una ensucia, la otra limpia. Astronautas, esas dos no vuelven más. Estando aquí el inversor jerezano, se van cagando como un mirlo, poquito a poquito.


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